Eutanasia o muerte digna? | No a la eutanasia, para una muerte digna cuidando la vida terminal

Sep/11

17

Frente a la eutanasia

Con motivo de la muerte de Inmaculada Echevarría, en mi ciudad de acogida, se ha encendido el debate. En mi opinión, el diario ABC ha hecho una información completa, destacando en sus artículos de opinión de hoy las ideas que me parecen más acertadas. En concreto, comparto plenamente su editorial, que transcribo; al final enlazo con otras opiniones e informaciones.

Una muerte que no debió provocarse
LA Junta andaluza puede invocar a su favor todos los dictámenes que crea oportuno en relación con la muerte de Inmaculada Echevarría, pero la única ley que contempla lo que se ha hecho con esta enferma es el Código Penal. Al retirarle el respirador artificial se ha provocado directamente su muerte y esto no es eutanasia pasiva ni ortotanasia. No había encarnizamiento terapéutico, ni estaba fatalmente resignada a una muerte inmediata. Es cierto que Inmaculada Echevarría quería morir, pero tal voluntad no debió ser atendida por los poderes públicos, porque estaban en juego valores trascendentes a toda la sociedad. La disposición sobre la propia vida es un acto moralmente rechazable -a salvo las instrucciones de los testamentos vitales para evitar la prolongación artificial de una vida naturalmente acabada- y la participación directa en la provocación de esa muerte, un delito perseguible de oficio. Entre el asesinato y el auxilio al suicidio hay una serie de delitos en los que se podría encajar este trágico desenlace en un hospital de Granada.
El caso de Inmaculada Echevarría se ha presentado como un dilema entre una muerte digna y una vida insoportable. Quizá sea un recurso de propaganda para provocar un movimiento general de apoyo a la eutanasia. Pero lo seguro es que se ha conseguido relanzar el equivocado mensaje de que la dignidad de la vida humana depende directamente del estado de salud. No se trata, en absoluto, de juzgar la conciencia de Inmaculada Echevarría, sino de poner límites a la actuación de los poderes públicos en relación con la vida de los enfermos. El presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, declaró ayer que la decisión de aceptar la petición de la paciente «era conforme a la ley y a la ética». ¿A qué ley y a qué ética se refería el presidente andaluz? Porque no hay ley que autorice a ningún equipo a interrumpir un tratamiento que garantizaba la continuidad de la vida de Inmaculada Echevarría, quien ayer aparecía retratada en la portada de este periódico mientras leía un libro. ¿Era esta una vida prescindible o carente de dignidad? Y sobre todo, ¿quién ha decidido lo que era ético y legal en este caso? Ni el Consejo Consultivo de Andalucía, ni la Comisión Autonómica de Ética e Investigación Sanitaria son órganos competentes para eximir de responsabilidad penal a quienes han participado en la muerte de una persona. Además, es arriesgado que el Gobierno andaluz haya dado este paso sin control judicial alguno, que es ahora cuando deberá producirse para depurar las responsabilidades penales pertinentes. Habría que recordar que cuando Ramón Sampedro solicitó de los Tribunales autorización para ser auxiliado en su suicidio, tanto el Juzgado de Primera Instancia como la Audiencia Provincial de La Coruña se la denegaron. Y, finalmente, su muerte fue investigada como un delito contra la vida de cuyas consecuencias se libró la presunta responsable gracias a la prescripción del crimen.
Es inaceptable el curso que está tomando en España el debate sobre la eutanasia y, en general, sobre el respeto debido a la vida humana. La tesis de que el Estado debe ser neutral acaba convirtiendo a los poderes públicos en una fuente de franquicias para toda propuesta que, al amparo de la modernidad y del respeto a la libertad individual, acaba traduciéndose en una nueva forma de extinción de la vida. Y esto es así a pesar de que la experiencia demuestra no sólo los riesgos de emulación en pacientes que pueden sentirse sugestionados por la muerte de Inmaculada Echevarría o Ramón Sampedro, sino también en la imposibilidad de poner límites al abuso, como está sucediendo con el aborto en España, convertido en una práctica libre que ha desbordado los ya de por sí amplios supuestos legales en los que está despenalizado. Es preocupante comprobar cómo el pensamiento políticamente correcto está despojando a la sociedad de referencias morales imprescindibles para desenmascarar la raíz profundamente desviada de este relativismo sobre la vida humana. Y hoy son casos aislados, pero mañana pueden ser la norma que tase el valor de la vida humana en función de criterios ajenos a su dignidad intrínseca.

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Sep/11

16

Azul y verde

Excelente y bellísima carta al director de mi buen amigo Javier Peña Vázquez, presidente del Banco de Alimentos de Málaga.

Hablaba Sonsoles, a través de las ondas de la radio, la mañana del Viernes Santo. Una chica de veintitrés años, cuya mayor ilusión en este mundo sería ver despertar a su hermano Miguel. Un ser real que supera ampliamente a la “Bella Durmiente” porque mientras ésta permanecía a la espera, en la soledad de su torre, Miguel se ha transformado en la médula del comportamiento y la razón de ser de toda una familia que ha sabido conformarse a su alrededor. Una historia que hace pensar.

Como un gran lago azul y verde, como un inusitado mar interior, fui concibiendo la historia, trágica y dulce de Miguel, según la relataba una de sus principales protagonistas. Una niña que, a sus siete años, entró de lleno en las contradicciones de este mundo. La historia de un chico que permanece en coma profundo, víctima de un accidente de tráfico, desde hace quince años y que ella narra con la entereza de lo asumido y hecho vida.

Azul y verde. Imagen de un mar en el que se une el cielo con la tierra. La historia de una vida descarnada que se hace maravillosa, cuando somos capaces de elevar a lo más alto aquello que se gesta en las entrañas de la tierra y se reviste de su grandiosa frondosidad. Un mar doméstico en el que se enlaza el azul más puro con el verde más intenso, como se entreteje lo divino con lo humano en cada vida. Pero, un mar con límites definidos en el que uno no se pierde, en el que la bravura de sus tempestades se atenúa con la calma de lo cotidiano; un mar con fronteras de ética y amor.

Miguel ha sido y es el centro vital de una familia numerosa que se mueve y respira con él y por él. Dos turnos de enfermería le cuidan y toda la casa gira a su alrededor. Tras los primeros momentos de incertidumbre en los que su vida se perdía, fueron sus padres y hermanos los que le reincorporaron al hogar y le atendían de noche y de día, sin separarse un momento de su lado. Después vino el orden y la organización.

Nadie entra o sale de casa sin pasar por el cuarto de Miguel, para despedirse o saludarle al regreso, para contarle el día a día de cada vida. Una costumbre que se convirtió en cultura familiar y un don para los que, por matrimonio, se fueron agregando; así como para los niños que después vinieron. Todos comparten sus vidas con Miguel. Ahora, probablemente, no lo concebirían de otra manera.

Miguel, al que cariñosamente se le nombra como “ángel de la casa” y que sin duda lo será, se encuentra en un lapso temporal que se me figura como un presente continuo, no sólo para su familia, sino para todos sus amigos y compañeros que siguen visitándole arrastrados por tan admirable ejemplo de amor y constancia. Una historia que sólo se detiene en Miguel, inmutable como es el amor de Dios que permanece mientras transcurre nuestro tiempo, para acompañarnos como nuestro principal referente.

Sonsoles tiene planes de boda a corto plazo, ella y su hermana gemela. La vida sigue, mientras Miguel permanece. Pero, jamás al margen de Miguel.

Han colaborado con esta entrada las webs Epub gratis para descargar y http://opusdeialdia.es/.

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Sep/11

15

La pendiente resbaladiza de la eutanasia

Muchas veces he manifestado que uno de los grandes problemas -entre otros- de toda ley que retira garantías a la defensa de la dignidad del hombre en virtud de “casos límite” admitiendo excepciones, es el deslizamiento imparable hacia cada vez mayores cotas de opresión. Ha sucedido con el divorcio, con el aborto y está sucediendo con la eutanasia.

Esto, con ser evidente e implacable ley de la naturaleza de las cosas, está siendo obviado por nuestra decadente civilización, que camina entre juergas y borracheras hacia el hoyo.

Por eso es tan necesario que haya quien lo estudie detenidamente, recopile los datos y saque conclusiones científicas; aunque mucho me temo que ni así vamos a querer darnos cuenta, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Esto último, estudiar científicamente la realidad, es lo que ha hecho Javier Vega Gutiérrez, profesor de Medicina legal, al examinar cómo se ha verificado la pendiente resbaladiza en las tres jurisdicciones del mundo donde se autoriza la eutanasia: Holanda, Oregón (Estados Unidos) y Bélgica, en sendos estudios publicados en “Cuadernos de Bioética” (enero-abril 2007). El artículos de Aceprensa que aporto a continuación resume el relativo a Holanda, que el Dr. Vega firma junto con Íñigo Ortega.

De los estrictos requisitos a la práctica incontrolada de la eutanasia en Holanda La pendiente resbaladiza de la eutanasia

25-04-2007
043/07

Cuando se propone permitir la eutanasia, se la plantea como una solución para casos extremos, bajo control riguroso. La experiencia muestra que, si se legaliza, la práctica de la eutanasia tiende a expandirse cada vez más. Es el fenómeno llamado de la “pendiente resbaladiza”, que Javier Vega Gutiérrez, profesor de Medicina legal, examina cómo se ha verificado en las tres jurisdicciones del mundo donde se autoriza la eutanasia: Holanda, Oregón (Estados Unidos) y Bélgica, en sendos estudios publicados en “Cuadernos de Bioética” (enero-abril 2007). Resumimos el relativo a Holanda, que el Dr. Vega firma junto con Íñigo Ortega.

Sobre la situación de la práctica eutanásica en Holanda existen fundamentalmente tres informes oficiales acerca de las muertes producidas en 1990, 1995 y 2001. Los resultados más relevantes se exponen en la tabla.

La metodología usada en estos informes para obtener los datos consistió en entrevistas a más de 400 profesionales sanitarios en cada año estudiado, y el análisis de una muestra representativa de 5.200-5.600 certificados de defunción.

Es importante advertir que las únicas cifras objetivamente verificables son las relativas al número total de fallecimientos y al número total de casos de eutanasia notificados. Todas las demás se basan en respuestas anónimas del personal sanitario acerca de los casos en que manifestaron estar involucrados, y se trata por tanto de estimaciones. Un último punto preliminar es que en los informes se adopta una definición reductiva de eutanasia, que en la ley holandesa significa solamente eutanasia voluntaria activa.
Cada vez más

Realizando un breve análisis de la tabla, vemos cómo casi todos los tipos de muertes relacionadas con la eutanasia han ido aumentando de un estudio al siguiente. Adoptando la definición holandesa de eutanasia como “eutanasia voluntaria activa”, se produjeron 2.300 casos en 1990, 3.200 en 1995, y 3.700 en 2001.

Si se incluyen todos los casos en que los médicos pretendían explícitamente acortar la vida (tanto por acción como por omisión, con petición o sin petición de los pacientes), el total se eleva notablemente. Añadiendo por tanto los casos de suicidio asistido, los de terminación de la vida sin petición, las muertes por intensificación del tratamiento del dolor y de otros síntomas con propósito explícito de acortar la vida, y los casos de renuncia al tratamiento o retirada del mismo con la misma intención, el total de muertes intencionadas ha ido ascendiendo de unas 15.400 en 1990 a 19.700 en 1995 y 31.600 en 2001.
Sin petición del enfermo

Los casos de “terminación de la vida sin petición” del paciente han permanecido prácticamente invariables en los diferentes informes, en torno a mil. El control social es prácticamente nulo, pues los médicos no los notifican. Para el secretario de la Real Asociación Médica de Holanda, este número es un índice de que la práctica eutanásica está todavía bajo el control de los médicos. Sin embargo, que alrededor de mil enfermos mueran cada año de esta forma es inaceptable también para muchos partidarios de la legalización de la eutanasia (y no se consideran aquí otros tipos de eutanasia sin solicitud del paciente).

También la “eutanasia neonatal” se da sin prácticamente ningún control social, pues los médicos no la declaran. Se han notificado una media de 3 casos anuales entre 1996 y 2001; sin embargo, en 2001, a unos 100 de los 1.088 niños que murieron con menos de un año, los médicos les suministraron fármacos para acelerar la muerte.

En cuanto a la “sedación terminal”, el informe pretende combinar la administración de medios para provocar la sedación profunda o coma y la omisión de la hidratación y la nutrición. En 8.400 casos ha sido aplicada la sedación, y en 5.500 de ellos no se ha suministrado ni alimento ni líquidos. En el 46% de los casos de sedación el fin era doble: aliviar los síntomas y acelerar la muerte, mientras que en el 54% acelerar la muerte era el fin principal. Todo esto, aunque la cesación de la vida sea más lenta, es un acto intencional de eutanasia.

Según los informes, el motivo principal por el que se solicita la eutanasia está relacionado con una grave enfermedad física, que sea origen de un “sufrimiento insoportable sin perspectivas de mejoría”, o “para evitar la pérdida de dignidad” y “evitar un sufrimiento ulterior”, siendo poco frecuente que se practique la eutanasia a petición a causa de una patología psiquiátrica, o por “estar cansado de vivir”.

Eutanasia sin transparencia

En relación con los “cuidados paliativos”, el informe señala que la mitad de los médicos encuestados no pueden juzgar su eficacia para prevenir las peticiones de eutanasia, pues no tienen un conocimiento suficiente sobre ellos, y que en Holanda la calidad de la Medicina paliativa deja aún mucho que desear. Sin duda, una oferta insuficiente de cuidados paliativos puede hacer que el paciente perciba prontamente el dolor como insoportable; sin embargo, el síntoma dolor sólo es el motivo de la solicitud en el 29% de los casos.

Con relación a las notificaciones de eutanasia por parte de los médicos, se ha confirmado en los diferentes estudios que sólo una minoría de los médicos rellena el cuestionario, y no en todos los casos en que intervienen. El número anual de notificaciones fue aumentando hasta más de 2.500 en 1998, para después empezar a disminuir y quedarse por debajo de 2.000 desde el año 2002.

El cambio de tendencia coincide con el del procedimiento de notificación, que antes se tramitaba por medio del patólogo comunal y ahora debe hacerse a la “Comisión regional de control sobre la eutanasia”. Con el nuevo sistema se pretendía que los médicos comunicaran los casos de eutanasia con mayor regularidad, para hacer más transparente esta práctica; pero no se ha obtenido el fruto esperado. En 2001 los médicos evitaban el control jurídico en la mitad de los casos, y en 2003 se ha revelado que para no tener que notificar los casos de eutanasia, los médicos acudían a la denominada “sedación terminal” con intención de acabar con la vida del paciente.
Descenso en cuatro fases

A la vista de los datos, intentaremos comprobar si en Holanda se ha producido el deslizamiento por la “pendiente resbaladiza” de la eutanasia. Utilizaremos el esquema propuesto por I. Ortega (“La pendiente resbaladiza. ¿Ilusión o realidad”, “Annales Theologici” 17 (2003), 107-112), que distingue cuatro fases en el deslizamiento:

A: ley que autoriza la eutanasia o el suicidio asistido si se dan tres requisitos: 1.°, plena voluntariedad; 2.°, enfermedad terminal; 3.°, padecer dolores insoportables.

B: se permite la eutanasia no voluntaria e involuntaria (pacientes en coma, recién nacidos con malformaciones, ancianos dementes o enfermos con perturbaciones mentales).

C: se permite la eutanasia o el suicidio asistido en enfermos incurables no terminales, o que no están en situación irreversible, o con enfermedades de las que se pueden curar.

D: se permite la eutanasia por motivos de sufrimiento psicológico, por pérdida de la autonomía, escasa calidad de vida, sentimiento de ser una carga económica, etc.
Cae la primera barrera

Con respecto a la primera condición exigida por la ley (voluntariedad plena en el enfermo que solicita la eutanasia), al estudiar el caso holandés se aprecia que, tanto tribunales como la Real Sociedad Médica, en casos de pacientes que sufren depresión, demencia u otra enfermedad psíquica, aceptan que se les practique la eutanasia. Aun reconociendo que la capacidad de juicio del enfermo está disminuida, consideran “cruel” aplicar los requisitos legales de forma estricta. Lo mismo ocurre con recién nacidos minusválidos o pacientes en coma, que claramente no pueden expresar su voluntad: para acabar con sus vidas basta que el doctor y/o la familia opinen que el sufrimiento es insoportable y pongan en duda la eficacia de los tratamientos.

Existen pruebas razonables provenientes de diversas investigaciones que denuncian una extensión progresiva de la eutanasia no voluntaria e involuntaria; basta pensar en el Informe Remmelink (1991) o en el Segundo Informe (1996), en el millar de eutanasias causadas sin ninguna petición del paciente.

No es fácil calcular con precisión la extensión de la eutanasia no voluntaria e involuntaria, aunque diferentes estudios coinciden en afirmar que es mayor el número de las muertes “sin petición expresa”. Entre las causas se señalan tanto el deseo del médico de acabar con casos de sufrimiento extremo, convencido de que actúa en beneficio del paciente, como el considerar que hay vidas carentes de valor que no merecen la pena ser vividas, por la falta de calidad de vida.
Para cansados de vivir

El segundo requisito, la condición de enfermo terminal, no es exigido por los tribunales desde el caso Chabot, y ni siquiera la Real Sociedad de Médicos la considera importante. Ya durante el debate parlamentario, temiendo un descenso por la pendiente resbaladiza, el senador Egbert Schuurman había predicho el peligro de que “los defensores de la eutanasia irán añadiendo nuevos criterios, por ejemplo ‘estar cansado de vivir'”. Efectivamente, nada más acabar el debate, el propio ministro de Sanidad Els Borst, en una entrevista, se mostró partidario de la así llamada píldora de suicidio (Drion-pill) para aquellas personas mayores que estuvieran cansadas de vivir.

Otro ejemplo es el del Dr. Sutorias, que facilitó el suicidio de un anciano de 86 años que “estaba cansado de vivir”, aunque gozaba de buen estado físico. Un tribunal de primera instancia dictaminó que el médico no había violado las normas sobre la eutanasia, si bien un tribunal de apelación y finalmente la Corte Suprema decidieron que fuera procesado.
Subdesarrollo de los cuidados paliativos

El último requisito ya hemos estudiado cómo se verifica: es indiferente que el dolor sea somático o psíquico, y se aplica la eutanasia a personas que la solicitan por motivos diferentes del sufrimiento.

El subdesarrollo de la Medicina paliativa en Holanda es uno de los efectos previstos en el argumento de la pendiente resbaladiza que se ha cumplido con más claridad. Cuando en 1993 se reglamentó la eutanasia, los cuidados paliativos en Holanda apenas estaban desarrollados; el Gobierno parecía más preocupado por el debate de la eutanasia que por buscar alternativas eficaces. El ministro de Sanidad del siguiente gobierno, en una carta enviada al Parlamento en 1996, reconoció una gran carencia de profesionales de asistencia paliativa, falta de coordinación y descuido de los programas de formación en este sector de la Medicina. Hasta el verano de 1997 no se produce una inversión económica sustancial del Gobierno para mejorar el desarrollo de los cuidados paliativos.

Observadores extranjeros y, cada vez más, también de la propia Holanda, atribuyen este retraso a la eutanasia, que se ha convertido en una opción sustitutiva de estos cuidados, una opción rápida, barata y definitiva del problema del sufrimiento, que ha impedido el desarrollo de alternativas.
En pacientes incapaces

Como señala Ortega, de la evolución de la eutanasia en Holanda se deduce que se ha producido un fuerte descenso por la pendiente resbaladiza a la fase B (ausencia de voluntariedad): se ha permitido la eliminación de pacientes incapaces (con depresión, dementes, enfermos psíquicos, recién nacidos minusválidos o pacientes en coma); no se han desarrollado mecanismos que puedan evitar las presiones (médicas, familiares o sociales), y existe una práctica extendida de eutanasia involuntaria que ha provocado desconfianza y deterioro de la convivencia.

La fase C, que admite varios grados, se ha cumplido en todos ellos: el primero, cuando se ha permitido la eliminación de enfermos incurables pero que no se encontraban todavía en estado terminal; el segundo, con la eutanasia de los que no están en situación irreversible; y el tercero, con la supresión de pacientes con enfermedades que se pueden curar.

En el descenso a la fase D se ha llegado a una “profundidad” considerable: de permitir la eutanasia a personas que padecían dolores intratables se ha pasado a las personas con sufrimientos psíquicos, y de aquí a los que en realidad no experimentaban dolor, sino que tenían otros motivos para acabar con sus vidas.

Pero el argumento de la pendiente resbaladiza no se limita a pronosticar que una vez dado el paso A y aceptada la eutanasia en unos pocos casos límites, se producirán B, C y D. También sostiene que las medidas preventivas que intenten impedir este deslizamiento están destinadas al fracaso y, al cabo de un tiempo, las autoridades no perseguirán a los infractores de la ley o incluso la cambiarán, permitiendo comportamientos menos restrictivos.

En Holanda, esta previsión se ha cumplido: los tribunales han eliminado varios de los límites considerados como “medidas estrictas de seguridad” introducidas por el Gobierno en 1993. El Gobierno no ha conseguido controlar la práctica, pues la mayoría de los médicos no notifican los casos de eutanasia (es irreal pretender que el médico se autodenuncie cuando no ha cumplido con las condiciones establecidas), y es incapaz de verificar que se cumplen el resto de las medidas preventivas. Por su parte, los tribunales, a juzgar por el escaso número de procesos y la cantidad irrisoria de condenas, no parecen demostrar capacidad o interés en perseguir a los infractores de la ley.
Salvaguardas inoperantes

En Holanda el descenso por la pendiente resbaladiza ha sido muy fuerte; las autoridades no han podido controlar la práctica de la eutanasia ni a los trasgresores de la ley; las precauciones establecidas legalmente han desaparecido en parte y la ley ha terminado permitiendo nuevos casos distintos de los iniciales.

También otros autores, como H. Jochemsen y J. Keown (“Voluntary euthanasia under control? Further empirical evidence from the Netherlands”, “Journal of Medical Ethics” 25 (1999), 16-21), a la vista de los datos empíricos holandeses, confirman que “el paso A” (permisividad legal de la eutanasia voluntaria bajo ciertos requisitos) ha dado origen en Holanda a un fuerte descenso por la pendiente resbaladiza. Señalan que el informe de 1990 ha manifestado el fracaso de las “salvaguardas estrictas” establecidas en 1984 por los tribunales y la Real Asociación Médica holandesa, y que no se han cumplido las garantías esenciales ofrecidas por los partidarios de la eutanasia voluntaria. Estos autores señalan también que los datos del segundo informe de 1995 confirman de nuevo el descenso por la pendiente resbaladiza, y muestran que la mayoría de los casos de eutanasia, tanto con petición como sin ella, quedan sin informar y sin comprobar.

Los proponentes holandeses de la eutanasia voluntaria aseguraban que su tolerancia, sujeta a “salvaguardas”, permitiría a la eutanasia quedar “expuesta a la luz pública” y ser controlada con efectividad. Sin embargo, ante el hecho indiscutible de que la mayoría de las veces no existe siquiera oportunidad de examinar los casos oficialmente, las pretensiones de regulación efectiva son vanas: la eutanasia en Holanda se está deslizando por la pendiente resbaladiza.
Para saber más

– Holanda descubre la sedación terminal como alternativa a la eutanasia (Aceprensa 59/06)

– Eutanasia para recién nacidos en Holanda (Aceprensa 68/05)

– Altas tasas de eutanasia revelan deficientes cuidados paliativos (Aceprensa 79/02)

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